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Permiten prácticas de pesca sustentable en La Ensenada repoblación de almeja Catarina

Desde hace 14 años, Silvia Ramírez Luna, bióloga marina, trabaja con la comunidad de El Manglito, en la Ensenada de La Paz, Baja California Sur, donde hoy en día se realizan buenas prácticas de pesca sustentable que han permitido, por ejemplo, la repoblación de almeja Catarina.

“La primera idea fue cómo recuperamos la población, pues con acuacultura, entonces se empezó a manejar el concepto de acuacultura de restauración y es así como empezaron (los pescadores de la comunidad) a repoblar, de 2013 a 2016 aproximadamente 500 mil almejitas en distintos ejercicios, en distintas siembras y ahorita de no tener nada de almeja años atrás, ya existe cierta población de almeja Catarina, ahora hay un reto de cómo poder generar ya sea vía cultivo o vía natural, poder recuperar este molusco”, platica Silvia.

La bióloga marina ha sido testigo del proceso de cambio que se ha vivido en La Ensenada, cuando los pescadores apostaron a una visión compartida para rescatar el cuerpo de agua que les daba sustento y que se encontraba en una situación de escasez derivada de la sobreexplotación.

“Básicamente fue empezar a trabajar con la comunidad porque lo que se quería era entender cómo poder empezar a generar buenas prácticas de pesca sustentable en una comunidad que empezamos a conocer y nos dimos cuenta que eran buzos, pescadores de bivalvos, de moluscos como almejas, callo de hacha, caracoles. A través de ese tiempo, nos fuimos dando cuenta que era una comunidad que estaba teniendo problemas porque ya en esta Ensenada se habían agotado los recursos principales que eran la almeja Catarina y el callo de hacha como los productos más importantes y estaban teniendo que ir hacia zonas cada vez más lejanas a pescar”, recuerda.

Asegura que esta situación fue la que propició a que los pescadores lucharan por un mismo fin, por lo que se denomina una visión compartida y que era la de lograr una Ensenada nuevamente llena de producto, de callo de hacha, de almeja Catarina, de peces con una pesca bien regulada y que un largo plazo de tiempo se pudiera tener  un ingreso y un sustento para sus familias.

“Ellos mismos propusieron, primero que nada empezamos por acordar, acordar no pescar porque aunque no tenían el permiso, aunque ya estaba cerrada la pesca, como pesca de subsistencia sí seguían sacando el recurso de aquí, hubo este acuerdo firmado por todas las cooperativas que vivían o que trabajaban en esta zona, eran 15 cooperativas más pescadores libres”, precisa.

La bióloga marina recuerda que se llevaron a cabo limpiezas de fondo, de línea de costa, monitoreo de moluscos y se emprendieron acciones de vigilancia para evitar que otras personas entraran a sacar el recurso. Fue ahí, resalta, donde empezó a manejarse el concepto de la acuacultura de restauración.

“El reto (ahora) es cómo le haces para que esta comunidad que está desarrollando buenas prácticas en general de restauración, de su actividad económica de pesca, cómo se diversifican y es ahí donde han estado incursionando mucho, preparándose para ofrecer un servicio de turismo que les permita complementar estos ingresos por pesca, diversificar la acuacultura de ostión y eso es parte del esfuerzo que están como comunidad desarrollando”, asegura.

Los esfuerzos que realiza esta comunidad son bastos, buscan establecer sus propios santuarios para poder producir buena larva y cada año fortalecer la estabilidad poblacional de callo de hacha. “Ya empezaron a entrar en ese proceso de proyecto de mejora pesquera y la idea es que también puedan generar ingresos que les den suficiente para poder tener el bienestar, la prosperidad que ellos desean y que además sus jóvenes encuentren una posibilidad en esto que es la pesca, la acuacultura, el turismo como una forma de vivir pues no solamente digna sino con un orgullo y un sentido de pertenencia muy importante”, finaliza.

 

 


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