De pescador ilegal a restaurador de La Ensenada
Su nombre es Guillermo Méndez Camacho, buzo y pescador de la comunidad El Manglito, en la Paz Baja California Sur, quien a los 10 años de edad, justo cuando cursaba tercero de primaria, optó por abandonar sus estudios para ganarse la vida a través de la pesca, actividad que primero lo llevó a caer en las garras de la ilegalidad y hoy en día a convertirse en restaurador y acuacultor de callo de hacha en La Ensenada.
“Nos cambió el chip de pescador ilegal a restaurador, y luego acuacultor, y a estar vigilando. Queremos que de la escasez vuelva otra vez la abundancia, que es lo más justo”, asegura Guillermo, mientras recuerda aquellos años cuando poco a poco él y su comunidad se dieron cuenta que el callo de hacha disminuía de manera drástica debido a la sobrepesca.
“Era muy alarmante cómo se estaba yendo, cómo se estaba acabando el callo, porque cuando iniciamos había mucho, en el 2007, 2008, hubo mucho callo de hacha. Íbamos para abajo, decíamos, con total desconocimiento, esto nunca se va a acabar, vamos a tener trabajo para siempre. Y pues no, se acabó el callo, terminamos con la inmensidad de callos que había en algunos lugares, que calculábamos nosotros había hasta 150 callos por metro cuadrado”, lamenta el pescador.
Platica que, en un inicio, en aproximadamente dos o tres horas sacaban 12 kilos de callo, y conforme pasó el tiempo pescaban esa misma cifra pero ahora en casi cinco o seis horas más hasta que empezó a escasear el producto.
Guillermo Méndez fue uno de los pescadores de La Ensenada Baja California que fue denunciado por estar buceando a las tres de la mañana en la isla Espíritu Santo. Como anécdota chusca cuenta lo que sucedió en aquella ocasión: “Estaba platicando con alguien y yo comenté -seguro viene por un malandrín- y resulta que venían por mí,” sonríe.
Actualmente Guillermo forma parte de la Organización de Pescadores Rescatando la Ensenada (OPRE), conformado por un grupo de hombres y mujeres que ha logrado lo que parecía imposible: comenzar a revertir la degradación ambiental del ecosistema costero, así como recuperar especies como el callo de hacha.
Del mar dio un brinco a la acuacultura y a la restauración, se capacitó y ha logrado que sus cultivos lleguen a buen término. “Hoy quiero hacerle ya a más grande escala, con 500 mil animalitos, pero con un cultivo fuera de La Ensenada”, comenta.
Destaca que todo ha sido posible porque su comunidad ha sabido trabajar en equipo, todos por la misma visión de restaurar La Ensenada, de volver a lo mismo, de la escasez a la abundancia, como se tuvo antes. “Siempre decíamos la tontería de que si no lo saco yo lo va a sacar el otro, veíamos callos, almejas, caracol, lo que fuera. Y no es cierto, fue ese chip que teníamos que no funcionaba. Yo recomendaría que se unan, que se tenga mucha confianza, que no dejen por fuera a nadie, ni a pescador libre ni a mujeres pescadoras para nada. Se tiene que tomar a todos en cuenta y trabajar mucho en la confianza, trabajar por una misma visión y van a tener un buen resultado, así como lo tuvimos nosotros”.